Nuestro estilo de vida en Somalia era pobre, humilde, silencioso, oculto, sembrando libremente sin esperar recompensa, dando generosamente sin esperar jamás reconocimiento ni agradecimiento. Este era el estilo de vida de nuestras primeras Hermanas, que supieron entregar generosamente sus vidas con caridad y heroísmo, en silencio, ocultas y en auténtica pobreza: un estilo de vida transmitido de generación en generación y que, para las Hermanas que vivían en Somalia, después de 30 y 40 años, se había convertido en una costumbre.
Del testimonio escrito el 13 de enero de 2012 por la Hermana Marzia Feurra
En Somalia, país con un 99,9% de población musulmana, la evangelización estaba prohibida; solo se podía dar testimonio del Evangelio mediante una vida de entrega silenciosa.
La hermana Marzia recuerda que en varias ocasiones musulmanes se le acercaron para pedirle que se convirtiera a su religión, pues, aunque era cristiana, la gente la quería y ayudaba a todos sin excepción. La hermana Marzia respondía con una sonrisa y se mantenía firme y fiel a su vida consagrada a la misión.
Vivir en Somalia, continúa la hermana Marzia, requería una prudencia extraordinaria, pues no sabíamos si el hermano que teníamos delante era amigo o no, aunque ninguno de nosotros sentía que tuviera enemigos: nos sentíamos como hermanos.

Lamentablemente, los acontecimientos se agravaron y la situación en el país se volvió crítica: la Catedral fue incendiada, la iglesia parroquial del Sagrado Corazón arrasada, las pequeñas capillas destruidas y, con ellas, todo símbolo religioso cristiano. Custodiábamos celosamente la presencia de Dios en nuestro hogar, seguras de que de ese Tabernáculo emanarían muchas gracias para nosotras y para toda Somalia.
Cada hermana era consciente del riesgo que corría, pero la fidelidad a la misión y la solidaridad con los pobres eran nuestra fortaleza: nadie deseaba abandonar la misión. El Señor, por su parte, nos protegió, sosteniéndonos en la palma de su mano, hasta que se cumplió su plan de amor para nosotras, el Instituto y la Iglesia: el martirio de la Hermana Leonella Sgorbati.
Tras este suceso, las misioneras se vieron obligadas a abandonar Somalia. La gente, con la cabeza gacha, afligida y quizás rezando, se agolpaba frente a las puertas del hospital donde la Hermana Leonella Sgorbati fue martirizada. Leonella había sido maestra, y cuando el ataúd pasó, saludó en silencio a la misionera.





