Suore Missionarie della Hermanas Misioneras de la Irmãs Missionárias da
Consolata

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Los Santos Sociales y el Santuario de la Consolata

Beato Francesco Faà de Bruno (1825 – 1888)

Nacido en una familia noble, antes de ser ordenado sacerdote, fue profesor en la Universidad de Turín, arquitecto y matemático, astrónomo, consejero de la Casa Real de Saboya… Francesco Faà di Bruno es considerado uno de los “santos sociales” por sus iniciativas a favor, en particular, de las mujeres.

Organizó una cadena de “fogones económicos” para distribuir a bajo costo comidas calientes a los trabajadores; una “Biblioteca circulante”, con el servicio de préstamo de libros extendido por toda Italia; los “lavaderos públicos” para ayudar a los ciudadanos a mantener limpias y ordenadas a las personas y las viviendas. Su lema fue:


San Leonardo Murialdo (1828 – 1900)

Funda en 1873 la Congregación de San José (Giuseppinos del Murialdo), con el fin de educar a la juventud, especialmente a la pobre y abandonada. Colabora en muchas iniciativas en el ámbito social en defensa de los jóvenes y de los obreros. Inicia diversas iniciativas innovadoras: una casa familia (la primera en Italia), una colonia agrícola, los oratorios… Murialdo fue también un gran promotor de la prensa católica.

Sus lemas fueron:


Beata Maria Enrichetta Dominici (1829 – 1894) 

Caterina Dominici ingresó en la Congregación de Santa Ana y la Providencia, fundada por los marqueses Tancredi y Giulia di Barolo.

Fue ella quien abrió los horizontes de la Congregación a la misión: las primeras seis hermanas partieron hacia la India en 1871, cumpliendo un sueño que había albergado desde niña. En octubre de 1879, visitó la primera casa del Instituto en la India, en Secunderabad.

La certeza que la Madre Enrichetta Dominici cultivó a lo largo de su vida y transmitió a quienes se acercaban a ella fue:


San José Marello (1846 – 1895)

Fundó los Oblatos de San José. Fue un ejemplo y modelo de caridad para con todos: jóvenes, ancianos, pobres, marginados…

De sus encuentros con Don Bosco, sus palabras de amor, sus valiosos consejos y sus largas sesiones de oración en el Santuario de la Consolata, Don Marello encontró la fuerza para continuar su incansable labor en favor de los más necesitados.


San Luis Orione

Fundador de congregaciones, San Luis Orione se reunió con Allamano en varias ocasiones en el Santuario de la Consolata.

Un acontecimiento importante que fortaleció la relación entre ambos hombres de Dios, escribe el Padre Pavese IMC, fue el terremoto que arrasó Messina la mañana del 28 de diciembre de 1908. Don Orione, que ya tenía una comunidad en Sicilia, viajó a Messina y brindó generosamente ayuda material y espiritual a las víctimas del terremoto. Una de sus iniciativas fue construir una pequeña iglesia de chapa ondulada dedicada a la Consolata frente al cementerio, en memoria de las 80.000 víctimas del terremoto. Para esta iglesia, obtuvo de Allamano la pintura de la Consolata.

«Los documentos demuestran que el renacimiento del ideal misionero de nuestro fundador, Don Orione, se remonta al período en que mantuvo un contacto prolongado con el canónigo Allamano». No cabe duda de que San Luis Orione admiraba el espíritu misionero de Allamano y que de él recibió un impulso para sí mismo y para su Congregación.


Beato Santiago Alberione (1884 – 1971)

Desde Alba, el padre Alberione viajó al Santuario de la Consolata en Turín para reunirse con el canónigo Allamano, uno de los pocos sacerdotes que lo apoyaron y aconsejaron sobre cómo cumplir la misión que sentía profundamente: evangelizar proclamando que Jesucristo es el Camino, la Verdad y la Vida, utilizando los medios de comunicación rápidos y eficaces que estos ofrecían.

Allamano le sugirió y animó a fundar una congregación, y Alberione, siguiendo su consejo, fundó la Familia Paulina, compuesta por cinco congregaciones religiosas, cuatro institutos de personas consagradas seculares y una asociación de laicos, que aún hoy trabajan en los medios de comunicación.


San Pier Giorgio Frassati (1901 – 1925)

Nació en el seno de una familia acomodada de clase media: su padre, Alfredo Frassati, era un conocido periodista, y su madre, Adelaide Ametis, una pintora consumada.

Por la mañana, asistía a la primera misa celebrada en el Santuario de la Consolata y luego subía a los desvanes para visitar, ayudar y consolar a los pobres.

Es casi seguro que Pier Giorgio Frassati y Giuseppe Allamano se conocían. El canónigo Nicola Baravalle testificó: «Al enterarse de la muerte de Pier Giorgio, el ya anciano rector lloró».

Durante la secundaria, asistió a las Obras de San Vicente y dedicó su tiempo libre a ayudar a los marginados de la sociedad. También fue miembro de Acción Católica.

Su regla de vida era:

Hna Maria Luisa Casiraghi, mc

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