Santidad y amor a Jesús Eucaristía
El amor de San José Allamano por Jesús en la Eucaristía se expresó en el don de si mismo, incansable en actuar sin perder la comunión íntima con Jesús. Su día giraba en torno a Jesús, Él era realmente el centro, de Él comenzaba y a Él volvía constantemente. El día lo dividía en un tiempo de preparación para el encuentro en la celebración eucarística y luego de acción de gracias. De este modo, extendía Su presencia a toda la jornada.
El mismo amor inspiró su compromiso misionero. En varias ocasiones expresó la alegría de hacer que Jesús estuviera presente en lugares donde aún no era conocido ni amado: “¡Cuánto gozo al ver que Dios, por nuestro intermedio, va multiplicando los santos sagrarios! ¡Y cuántos más surgirán con el tiempo! Son fogones de amor para nosotros y de misericordia para la gente. ¡Qué suerte tener ya tantos en las misiones! Creo, es más, estoy seguro de que deben atraer muchas gracias sobre esas tierras.” (Los quiero así, n. 151).
Invocaciones
En la cumbre de su vida, Jesús se divide a sí mismo en la cena de Pascua con los discípulos. De este modo, Jesús nos muestra que el objetivo de la vida está en entregarse a uno mismo, que lo más importante es servir.
- Y hoy encontramos la grandeza de Dios en un pedazo de pan, en una fragilidad que rebosa amor, desborda el compartir.
La experiencia del amor incondicional de Jesús aviva el corazón y lo mueve irresistiblemente para responder con el mismo amor,
- es también ser pan compartido para la humanidad amada por Dios.
La Eucaristía sana porque nos une a Jesús: nos hace asimilar su modo de vida, su capacidad de compartirse y entregarse a los demás, de responder al mal con el bien.
- Nos da el valor para salir de nosotros mismos e inclinarnos con amor ante la fragilidad de los demás. Como Dios hace con nosotros.
Oremos:
Padre misericordioso,
por la intercesión de San José Allamano,
te rogamos por la Iglesia, para que ella,
siguiendo el ejemplo de Jesús,
“pan compartido y vino derramado” para todos,
sea un signo concreto en el mundo del cuidado
y ternura de Dios para cada hombre y mujer. Amén.




