Santidad y voluntad de Dios
San José Allamano hizo de la voluntad de Diós el centro de su vida y de su propuesta espiritual. La consideraba el camino seguro hacia la santidad y la fructificación misionera. De hecho, dijo: “Mi mayor consuelo es que siempre he hecho la voluntad de Dios”.
En este camino nos guía el ejemplo de Jesús, que vivió totalmente orientado hacia el Padre. Allamano lo expresa así: “No la mía, sino que se haga tu voluntad… su voluntad cesaba y solo quedaba la de Dios.” Por lo tanto, aceptar la voluntad del Señor significa dejarnos transformar por un amor que a menudo actúa en silencio, pero siempre para nuestro bien y el de nuestra misión. Es en esta confianza donde encontramos paz, madurez espiritual y abundantes frutos para la vida personal y comunitaria.
Invocaciones
Tú, que conoces los tiempos y caminos de nuestro crecimiento, ayúdanos a no temer la “poda” que purifica y renueva,
- Danos un corazón que sepa confiar, seguro de que cada herida recibida con amor dará frutos más abundantes.
Tú, que unes nuestra voluntad a la Tuya para que podamos dar frutos de santidad,
- Permanece en nosotros y has que también nosotros permanezcamos en Ti, liberándonos de voluntades, miedos y resistencias egoístas que impiden que Tu linfa fluya a través de nosotros.
Tú que trabajas en silencio y llevas todo a la realización según Tu amor,
- enséñanos a buscar Tu voluntad en todo, para que, como San José Allamano, podamos decir verdaderamente que no hemos deseado nada más que lo que Tú quieres.
Oremos:
Señor, por la intercesión de San José Allamano,
que hizo de tu voluntad su alegría
y el camino seguro hacia la misión,
transforma nuestros miedos en valor,
nuestras vacilaciones en abandono
y nuestros esfuerzos en ofrendas fructíferas.
Permanece en nosotros, Jesús, y concede que nosotros también
permanezcamos en ti,
para que, unidos como ramas a la vid,
demos mucho fruto para la gloria del Padre
y para el bien de todos los hermanos y hermanas
que pones en nuestro camino. Amén.




