Santidad y "solo Dios"
San José Allamano tenía un concepto alto de misión. No era filantropía, voluntariado, compromiso ocasional… Dado que la misión está vinculada a la acción salvadora de Dios, los valores del “espíritu” fueron considerados por él de importancia fundamental. Siempre exigía lo mejor a sus misioneros, especialmente en este campo. La santidad era una condición para la misión: “primero santos, después misioneros”.
“Algunos creen que ser misionero consiste enteramente en predicar, correr, bautizar y salvar almas; ¡No, no! Esto es solo el fin secundario: nos santificamos primero a nosotros mismos y luego a los demás. Cuanto más santo sea, más almas salvará” (Conf. IMC, Vol. 3, p. 258).
Invocaciones
Oh, Padre, fuente de todo bien, derrama tu Espíritu sobre nosotros,
- para que podamos avanzar en el camino de santidad misionera, según el carisma de San José Allamano.
Ilumina nuestra mente
- para que sepamos discernir los caminos del Espíritu que conducen al hombre nuevo, atentos a los signos de los tiempos y dispuestos a responder con amor.
Que arda en nosotros el fuego de la misión que hay que llevar a todas partes del mundo,
- con la proclamación del Evangelio y el pan de la caridad.
Haznos pobres, humildes y castos, testigos de esperanza y consolación,
- siervos atentos a los hermanos y hermanas que encontramos en nuestro camino.
Oremos:
Oh, Padre, que en San José Allamano
despertaste un ardiente deseo de cooperar
en tu plan universal de salvación,
concédenos crecer en el mismo celo y espíritu de santidad,
hasta ser capaces de dar la vida
por nuestros hermanos y hermanas.
Por Cristo nuestro Señor. Amén.




