Ruega por nosotros, Virgen Consolata.
Intercede por tu pueblo.
Oremos:
Oh Dios, que por medio de María quisiste dar a tu pueblo la verdadera consolación, Jesucristo, concédenos a nosotros, que la veneramos con el título de Consolata, colaborar junto con ella en la obra de la redención. Por Cristo nuestro Señor. Amén.
SAN JOSÉ ALLAMANO Y SU AMOR A LA CONSOLATA
«Me equivocaría si les hablara de hacer bien la novena a la Consolata, de su querida Madre; el corazón mismo se los tiene que enseñar. Nosotros somos consolatinos. Bajo este título es particularmente nuestra Madre especial. Bajo este título es nuestra fiesta, es particularmente nuestra. Esta casa la ha poseído nuestro Señor desde el principio, y es propiamente suya como un campo es del propietario; por lo tanto, no digan mentiras diciendo que tal o cual la fundó. No, no, es la Virgen la que la fundó y el principio vino de nuestro Señor. La Consolata hizo para este Instituto milagros cotidianos; hizo hablar a las piedras, hizo nevar dinero. En los momentos dolorosos la Virgen intervenía de modo extraordinario, vi mucho, mucho. Para los gastos enormes de la Casa y de las Misiones, miren, nunca perdí el sueño ni el apetito, se lo digo: piensalo tú, si haces buena figura eres tú» (Cfs, vol. I, 135)
Recemos 10 Ave María
INVOCACIONES
R.: Míranos y consuélanos, oh María.
Consuela al Papa León XIV, a los Obispos y a los sacerdotes, a los misioneros, a las misioneras y a los religiosos, que deben iluminar a la sociedad moderna. Consuela a las comunidades cristianas, dándoles el don de numerosas y firmes vocaciones sacerdotales, religiosas y misioneras. Te lo pedimos.
Consuela a todos los que están investidos de autoridad y responsabilidad civiles y religiosas, sociales y políticas, para que siempre y solamente tengan como meta el bien común. Te lo pedimos.
Consuela al pueblo que te ama y te venera; a tantas familias de emigrantes, a los desempleados, a los que sufren, a quienes llevan en el cuerpo y en el alma las heridas causadas por dramáticas situaciones de emergencia. Te lo pedimos.
Oh, Madre consoladora, consuélanos a todos, y haz comprender a todos que el secreto de la felicidad está en la bondad y en seguir siempre fielmente a tu Hijo, Jesús. Te lo pedimos.
OREMOS CON LAS PALABRAS DE LA BEATA LEONELLA
María, Madre Consolata, ha recibido la Consolación, el amor de Él, Padre, Espíritu Hijo generado en ella. Sabe que Él la ama y esto es Todo… Sabe que está llamada a ayudar a los hijos a experimentar su amor… no necesita otra cosa… solo ser en Él “dando consolación”. “No tienen más vino”. Mujer de paz, de Amor… Presencia de sostén, cuánto necesitamos de Consolación para todos nosotros y para la Iglesia… Escúchanos tú que eres cuenco de Consolación. Amén.
SS. Virgen Consolata, ruega por nosotros
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