Santidad y espíritu de oración
La vida espiritual, según la enseñanza de San José Allamano, se basa en la oración, que no es un simple acto devoto, sino la fuerza que sostiene toda la misión y todo camino hacia la santidad.
Nuestra vida debe ser continuamente alimentada por la oración, para que nuestro servicio no se vaya ni pierda vigor: “Sí, sí, trabajo; pero la oración es más necesaria que cualquier otra cosa… Primero debemos santificarnos, primero orar y luego hacer el bien a los demás.”
Por tanto, la oración no es un deber entre muchos, sino la fuente que permite que la misión prospere. Finalmente, Allamano invita a todos a esforzarse por una oración continua, que no se reduce a momentos aislados, sino que se convierte en respiración diaria: un diálogo constante con Dios que transforma nuestras vidas y nos hace capaces de vivir, como San Pablo, diciendo: “Vivo, pero no soy yo el que vive, es Cristo quien vive en mí” (Gál. 2,20).
Invocaciones
Tú, que rezaste al Padre en silencio y enseñaste a los discípulos a decir “Padre”,
- danos un corazón que desee la oración como un aliento vital, para que todas nuestras acciones nazcan del encuentro contigo y encuentren su fuerza en ti.
Tú, que nos recuerdas que antes del hacer viene el ser y que la misión solo florece en quienes se dejan santificar,
- Ayúdanos a buscar tu presencia, ante todo, liberándonos de la prisa y del activismo, para que nuestra vida interior sostenga el bien al que estamos llamados.
Tú que transformas la vida de quienes se confían en ti hasta el punto de poder decir con San Pablo: ” Vivo, pero no soy yo el que vive, es Cristo quien vive en mí “,
- Guíanos hacia una oración continua, sencilla y fiel, para que cada momento se convierta en un diálogo contigo y cada deseo sea conforme a tu corazón.
Oremos:
Dános, Señor, el espíritu de oración
que San José Allamano nos dejó
como un legado precioso:
una oración sencilla y sincera,
capaz de sostener la misión
y de hacer brotar la santidad en la vida cotidiana.
Has que nuestros corazones
sean dóciles ante vuestra presencia,
para que nuestra vida pueda convertirse
verdaderamente en un diálogo continuo contigo,
claro y fiel, capaz de iluminar pensamientos,
purificar palabras y transformar cada acción
en un acto de amor. Amén.




