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Octavo día de la novena a San José Allamano

Santidad y espíritu de familia

Octavo día
"Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca. De modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo dé. Esto os mando: que os améis unos a otros."
Evangelio según Juan
15,12-17

El espíritu de familia es el corazón de la espiritualidad de San José Allamano y la fortaleza del Instituto no proviene del celo individual, sino de la comunión construida cada día.

A menudo recordaba que la comunidad es una familia y que la primera tarea misionera consiste en vivir relaciones fraternas auténticas:  El Instituto es una familia; Debéis vivir como verdaderos hermanos… Deberíamos tener un espíritu de cuerpo hasta el punto de dar la vida los unos por los otros. “ (Los quiero así, cap. 7). El espíritu familiar se nutre con gestos sencillos: bienvenida, perdón, colaboración, alegría compartida.

Allamano insistía en que la unidad es la base de toda obra misionera: “Caminad juntos, siempre unidos, y el Señor bendecirá todas vuestras obras” (Carta a los misioneros, vol. II, p. 74). Vivir el espíritu de familia significa, por tanto, construir un jardín común cada día, donde la diversidad se convierte en riqueza y la misión en un testimonio visible del amor de Dios.

Invocaciones

Señor Jesús, Tú que nos revelaste el corazón del Padre y nos mandaste amarnos unos a otros como Tú nos amaste,

  • concede que el espíritu de familia enseñado por San José Allamano pueda convertirse en nuestra forma concreta de vivir el Evangelio: un amor que no se busca a sí mismo.

Tú que nos has elegido y enviado a dar fruto,

  • Haznos instrumentos de tu comunión, para que podamos formar “un solo corazón y alma” cuando creamos que Tú estás entre nosotros.

Tú que nos reúnes como niños queridos y nos llamas a construir tu casa juntos,

  • danos un corazón capaz de acoger y unir, para que cada palabra y cada gesto se conviertan en una semilla de fraternidad.

Oremos:

Señor, danos el espíritu de familia
que nos enseñó San José Allamano:
un espíritu hecho de bienvenida, perdón, sencillez
y una misión vivida juntos, nunca solos.
Concédenos que nuestra unidad se convierta
en un testimonio vivo de tu Evangelio,
que nuestra alegría sea plena
y que cada gesto nuestro
sea una semilla de consolación para el mundo.
Amén.

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