Santidad y entrega de amor
¡Celebramos el Primer Centenario del Nacimiento en el Cielo de San José Allamano!
Su muerte fue un verdadero nacimiento en el cielo, el epílogo de una vida terrenal vivida única y totalmente para el Señor que siempre había amado y para la Consolata, la Madre más tierna, por quien se sintió amado. De estos grandes amores suyos surgió el amor por la persona, por las “almas” que debían salvarse, las cercanas y las lejanas, con un impulso misionero que superaba todos los límites.
La vida terrenal de San José Allamano terminó al amanecer del 16 de febrero de 1926:
“De vez en cuando el buen ojo del amado Padre se fija hacia arriba, en un solo lugar y sonríe… esperamos a Nuestra Señora, estamos seguros de que está cerca de su amado Hijo, sentimos su presencia con fuerza y… Nutre la esperanza infantil de verla llevarse al cielo su alma. ¡Y aquí está la Madre! A las cinco y cuatro, unos sollozos más fuertes permitieron que el alma bella y santa de Él, … volara al Paraíso, en los brazos de Nuestra Señora”.
San José Allamano susurra hasta su último aliento lo que fue uno de los cimientos de su santidad: la Voluntad de Dios. Su vida fue una entrega continua a Dios y un compromiso constante para llevar a cabo Su plan con fidelidad inquebrantable.
Invocaciones
San José Allamano se acerca al final de su vida irradiando gran paz y serenidad
- con gran confianza en Dios por haber vivido buscando y cumpliendo Su voluntad.
San José Allamano, el padre que bendice promete seguir guiando y bendiciendo desde el cielo a sus hijos e hijas:
- “Cuando esté allí arriba, te bendeciré aún más: siempre estaré en el balcón”.
Hoy, al celebrar su vida y santidad, le pedimos que envíe muchas bendiciones a todos los que le invocan con confianza y a la humanidad sedienta de paz y consolación.
- “A los pies de nuestra Santísima Consola os bendigo con todo mi corazón”
Oremos:
San José Allamano,
sigue animándonos a caminar el camino de la vida.
Caminando por los caminos del mundo,
podamos ser capaces de amar,
de aliviar, de asumir, de refrescar,
de apoyar, de revivir, de consolar.
Sigue bendiciéndonos,
inculcando en nosotros
tu confianza inquebrantable en Dios
y permaneciendo unidos a Él,
para que demos mucho fruto.
Amén.




