Cada año, el 20 de junio, Turín celebra la Fiesta de la Consolata. Esta fecha conmemora el milagro del ciego de Briançon, quien en 1104 recuperó la vista tras encontrar el icono de la Virgen María. Un momento importante y emotivo de la fiesta es la procesión vespertina por las calles de la ciudad, que congrega a una gran multitud alrededor de la estatua de la Consolata.
La solemnidad de María Consoladora, conocida como Consolata, copatrona de la ciudad de Turín junto con San Juan Bautista, ha adquirido particular importancia a lo largo de los siglos, coincidiendo con acontecimientos significativos, como en 1904 cuando, para conmemorar el octavo centenario del descubrimiento del icono, se colocó una nueva corona de estrellas con diamantes sobre la efigie de la Consolata. En esa ocasión:
El arzobispo Richelmy, San José Allamano, varios cardenales, un representante de la familia real y una multitud de fieles participaron en la solemne misa. La procesión comenzó con el repique de las campanas del santuario.
La Procesión es un evento colectivo que une pasado y presente, espiritualidad y civilización urbana. Una fusión de fe, participación popular y sentimiento de pertenencia.
El 20 de junio, a primera hora de la mañana, el icono de la Consolata, situado sobre el altar mayor, obra barroca de Filippo Juvarra, es retirado y colocado cerca de la entrada principal del Santuario, para destacar que es la Virgen quien acoge no solo a los habitantes de Turín, sino también a los peregrinos que llegan de diversas partes del Piamonte.
Un gesto sencillo, pero que subraya la acogida y la protección de María.

Durante todo el día, se celebran misas en el Santuario, intercaladas con el rezo del Santo Rosario. A las 12:00 del mediodía, coincidiendo con la oración a la Consolata, varios campanarios de la zona repican para acompañar la plegaria, mientras que por la tarde, varios campanarios situados a lo largo del recorrido de la procesión hacen sonar sus campanas para saludar a la estatua de la Virgen.
Alrededor de las 21:00, la procesión, encabezada por el Arzobispo, parte del Santuario y recorre las calles del centro histórico, pasando frente al Ayuntamiento, donde la estatua de la Consolata es recibida por una delegación del poder ejecutivo del Palacio Cívico, el Ayuntamiento y otros funcionarios municipales.


A lo largo de las aceras, la gente, mientras espera a que pase la estatua plateada de la Consolata, se une a las oraciones y los cánticos que el coro reproduce a través de altavoces colocados a lo largo del recorrido.

Las cofradías con sus estandartes, las asociaciones católicas de voluntarios y los religiosos y religiosas de la ciudad, seguidos por los fieles y algunos turistas curiosos, acompañan la estatua de la Consolata en un recorrido cargado de simbolismo y memoria.
Y así, cada año, en la tarde del 20 de junio, las calles de la ciudad se convierten en avenidas de fe.
Hna. María Luisa Casiraghi, mc


