Tras 30 años de misión en Kenia, la Hermana Leonella Sgorbati comenzó su servicio en Somalia, en el área donde siempre había destacado: la formación de jóvenes enfermeras. Somalia: un país desgarrado por la guerra durante décadas. Los jóvenes desconocían la paz. Pero la ONG SOS Kinderdorf tenía un plan: abrir una escuela de enfermería en Mogadiscio, y la Hermana Leonella estaba lista para esta maravillosa aventura de paz y esperanza.
Mogadiscio, 2001
Allí estaban, en esa larga fila, intentando entrar en la escuela de enfermería. Después de tantos años de guerra, el deseo de un futuro mejor para un joven somalí estaba —por desgracia— inevitablemente ligado a la posibilidad de irse muy, muy lejos. Lejos de la guerra, pero también lejos de su tierra natal. Estas personas no habían huido; soñaban con un futuro posible quedándose en Somalia: la apertura de una escuela de enfermería en Mogadiscio les ofrecía la oportunidad, al menos, de soñar…
“SOS abre una escuela para enfermeras profesionales aquí en Mogadiscio. Cualquier persona con certificado de secundaria y conocimientos de inglés puede matricularse.
El mensaje, publicado en los periódicos de la ciudad (las hojas mimeografiadas que circulan por la capital) y anunciado en tres emisoras de radio locales, se difundió rápidamente y, en menos de 48 horas, se presentaron más de cien solicitantes. Cada uno presentó un certificado escolar nuevo e indicó su edad, con algunas excepciones, entre 29 y 38 años.
No había tiempo para preocuparse por la validez de los diplomas ni por las fechas de nacimiento: el examen de admisión determinaría la selección. Y así fue: veinticuatro candidatos aprobaron el curso: doce chicos y doce chicas. Primero se dedicaron a un estudio profundo del inglés durante ocho meses. Después, se embarcarían en un programa de cuatro años que incluía enfermería, obstetricia y salud pública. (Del libro TODO en tres palabras).

La Hermana Leonella guió los primeros pasos de la escuela con gran habilidad, pero no sin dificultad, hasta que el primer grupo se graduó en 2006. Unos días después, fue asesinada por siete disparos, y sus últimas palabras fueron: “¡Perdono, perdono, perdono!”. Igual que las de Jesús.
Para alcanzar este perdón, Sor Leonella también tuvo que aprender a desarmarse, como leemos en sus Diarios:
Durante unos días de la semana pasada, me costó aceptar y perdonar una acusación tan grave y falsa. Lo que tenía que hacer estaba claro, pero en mi interior, me negaba. Oré, pero el «no», la «violencia» dentro de mí, hacía que la oración pareciera falsa. Pedí algo con la mente y la voluntad, pero parecía que otra parte de mi voluntad y mi corazón se negaba a mi oración. Desesperada, me aferré a ti, mi Madre Consoladora, y te supliqué. Respondiste creándome una situación humillante, pidiéndome que abriera mi corazón al perdón, porque yo también necesitaba ayuda y perdón. ¡Gracias! Oración. Desármame/desármanos. (5 de agosto de 2006).
Una señal de que la paz sin armas triunfa sobre la guerra. Siempre.
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