En Mozambique, en la provincia de Inhambane, existe un grupo de “Mujeres Misioneras de la Consolata”. La idea original surgió de los Misioneros de la Consolata de Portugal, donde ya existían. Este movimiento está abierto a todas las mujeres —casadas, solteras o viudas— que, impulsadas por una fe iluminada, apasionadas por Dios y conscientes de su misión cristiana, deseen colaborar con las Misioneras de la Consolata.
Como movimiento, se inspiran en el Carisma de San José Allamano y se centran en el amor a la Eucaristía, a Nuestra Señora de la Consolación y en el celo misionero. Difunden el ideal misionero y apoyan los proyectos de las misioneras según sus posibilidades.
La historia de las MMC, como se las conoce en Mozambique, se remonta a la época de la hermana Teresa José, una misionera de la Consolata brasileña que trabajó en ese país y que también sentía una gran pasión por el empoderamiento de la mujer.
Ella animaba a las mujeres a visitar a las familias, a los enfermos y a los presos, y poco a poco esta costumbre se convirtió en una práctica semanal. Durante sus visitas, hablaban de la Consolata, de su celo misionero, pero también de Santa Teresa del Niño Jesús y de su ardiente deseo de que todos conocieran a Jesús.

Otra tarea pastoral que realizan con fidelidad es la participación activa en los funerales, mostrando solidaridad con las familias y ofreciéndoles consuelo (para apoyarlas en momentos de duelo). La elección del nombre se inspiró en María Consolata y Santa Teresa del Niño Jesús, con el lema: «En el corazón de la Iglesia seré amor». Celebran juntas las fiestas de la Consolata y de Santa Teresa.
Con el paso de los años, el movimiento ha crecido y se ha expandido a otras comunidades dentro de la parroquia, y su autonomía y autogestión han aumentado en consecuencia, dentro de los límites de sus capacidades. El grupo cuenta con líderes y se organiza para responder a las necesidades, cualesquiera que sean.

La parroquia reconoce su contribución y les ofrece apoyo. Todos los sábados por la mañana, presiden la liturgia, rezan el rosario y luego se reúnen brevemente para organizar el trabajo de la semana. Están divididos en zonas y son responsables de su cuidado.
Nos anima el compromiso de este grupo: son como la levadura, que necesita muy poco, cultivando los valores cristianos de comunión, solidaridad y amor, y demostrando que no necesitan nada más que la fe en Dios y la disponibilidad. Como María, colaboran en la obra de la salvación.
Hna Julia Muya, mc



