El 21 de enero conmemoramos el 175º aniversario del nacimiento de San José Allamano en Castelnuovo Don Bosco. Les contaremos sobre este pequeño pueblo, cuna de cuatro santos: sus orígenes, la vida campesina del siglo XIX, la familia Allamano y la maestra Benedetta Savio.
En el norte de Italia, en Piamonte, a medio camino entre Turín y Asti, se encuentra Castelnuovo Don Bosco. Partiendo de Turín, capital de la región, en coche, en poco menos de 40 minutos se llega al corazón del bajo Monferrato, donde en una de las colinas se encuentra Castelnuovo Don Bosco, llamado hasta 1930 Castelnuovo d’Asti.
La zona, conocida por la belleza de su paisaje, está formada por una sucesión de verdes colinas, huertos, bosques ricos en trufas, pero sobre todo por viñedos centenarios.

San José Allamano, recordando su infancia, subrayaba:
«Nací en esos lugares, en medio de los viñedos. Cuando éramos niños, íbamos a ver qué hacían los viticultores, por curiosidad, pero a veces nos echaban, porque a esa edad solo hacíamos travesuras. Sin embargo, el aparcero que teníamos era un buen anciano y nos reunía a todos y nos explicaba».
Los orígenes
Los orígenes del pueblo se remontan a 1160 y su nombre está relacionado con la presencia de un castillo, el de los nobles Rivalba, que dominaba la aldea y que fue destruido en 1395. Solo queda una torre que domina el pueblo: actualmente es el campanario de la pequeña iglesia adyacente dedicada a la Madonna del Castello (Nuestra Señora del Castillo).
La economía
En el siglo XIX, Castelnuovo d’Asti era un pueblo agrícola que vivía de la agricultura y la viticultura, con la consiguiente producción de vinos que aún hoy forman parte del patrimonio económico de la provincia de Asti.

Las viviendas
Las familias de los campesinos vivían en granjas, más o menos espaciosas, que tenían una característica común: la adaptación del espacio disponible a las necesidades del trabajo y de la familia.
Las estancias principales: cocina, dormitorios, establos o almacenes respondían siempre a la necesidad de una distribución más cómoda y funcional. Escaleras, escaleritas y balcones permitían desplazarse rápidamente por el interior de la casa.
La familia de San José Allamano
Los padres, José Allamano y Marianna Cafasso, hermana de San José Cafasso, excelentes cristianos y muy caritativos, tuvieron cinco hijos: Giovanni, Orsola, Natale, Giuseppe y Ottavio. San José Allamano, el penúltimo, nació el 21 de enero de 1851.




Su padre era agricultor y pasaba la mayor parte del día en el campo, sin descuidar por ello a su familia. Murió en diciembre de 1853, cuando su hijo Giuseppe aún no había cumplido los tres años, y aproximadamente un mes antes del nacimiento de su último hijo, Ottavio.
La madre, una mujer fuerte, trabajadora y de fe sólida, supo afrontar y superar las numerosas dificultades de mantener a la familia tras la muerte de su marido. Mamá Marianna era muy apreciada por su bondad y su atención a los pobres y admirada por su gran caridad. Quienes la conocieron así la describieron:
«Mujer de virtud intachable, a semejanza de su hermano Giuseppe Cafasso, fue una madre modelo, totalmente dedicada a la educación de sus hijos, caritativa con todas las formas de dolor y desgracia, generosa y solícita con el bien ajeno. Nunca rechazaba a un pobre ni le negaba alojamiento. Cuando una mujer pobre daba a luz a un niño, ella se ofrecía a preparar gran parte del ajuar; también visitaba a los enfermos y les ayudaba en todo lo posible». Viuda desde joven, sufrió la pérdida de su fiel compañero y sintió toda la responsabilidad de criar cristianamente a sus hijos. En esto fue guiada y aconsejada por su cuñado P. Allamano Giovanni, entonces párroco de Passerano, que adoraba a sus sobrinos y los inició y ayudó en sus estudios».

Allamano estaba unido a su madre por un afecto muy tierno. A su muerte, tras una larga enfermedad que la llevó a la ceguera, en diciembre de 1869, Allamano dijo:
«No me corresponde a mí elogiar a mi madre…». «Yo hacía de intérprete en la confesión cuando estaba en casa; parece imposible: tenía dos ojos celestiales, pero no veía ni oía; y yo me explicaba haciendo señas con la mano, y nos entendíamos perfectamente».
Un hecho importante
El hecho más destacado de su infancia fue el encuentro con su tío P. José Cafasso. Él mismo lo recordará en 1925 cuando, al acudir a Castelnuovo don Bosco para las fiestas de la beatificación, dijo:
«Solo vi una vez a don Cafasso. Entonces tenía poco más de seis años…».
Y, señalando un punto de la habitación de su casa, añadió:
«Aquí es donde recibí su bendición».
Una figura
La maestra Benedetta Savio guió e iluminó la infancia de San Giuseppe Allamano. Mujer humilde, sabia, inteligente, de profunda espiritualidad e interioridad, a la que Allamano nunca olvidó.
Una mujer especial y profundamente unida a Dios, cuya vida y enseñanza impartida con amor influyó mucho en la formación humana y espiritual de nuestro Fundador. De hecho, Allamano hablaba a menudo y con gratitud de ella a los misioneros y misioneras.
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Hna Maria Luisa Casiraghi y Hna Raquel Soria, mc





