Santidad y la Palabra de Dios
Con gran fuerza y profunda convicción, San José Allamano exhortó a los misioneros a tomar la Palabra de Dios en serio. Les dijo: Considerad la importancia de la Sagrada Escritura para nosotros y para los demás. Todo está ahí; es la Palabra de Dios, una palabra viva y cálida. A menudo recordaba cuando San Jerónimo decía: «Nunca dejes que la Santa Biblia se te escape de las manos, para que el sueño siempre nos sorprenda con el libro en nuestras manos». Y añadió: ¡La Sagrada Escritura! Cuanto más la lees, más la estudias, más la amas y te encanta. Esta es una escuela que nunca termina. ¡Quiero que te encariñes con las Sagradas Escrituras! (Cfr. Los quiero así, n. 171-174).
Solo hay una gran realidad: el Verbo-Persona que es Jesucristo. Las palabras que dijo son Él mismo. Recibir la palabra es recibir a Cristo. El libro de la Biblia está vivo como Cristo: sigue actuando hoy, tiene juventud perenne. Está vivo porque contiene al Espíritu que le da el aliento de vida.
Invocaciones
Creo, Señor, pero concédeme que pueda creer con más firmeza. Espero, Señor, pero concédeme que pueda esperar con mayor confianza. Te amo, Señor, pero déjame amarte con más ardiente afecto.
- Guíame con tu sabiduría, consuélame con tu bondad, protégeme con tu poder.
Que mis pensamientos sean los tuyos, mis palabras las tuyas, mis sufrimientos los tuyos, mis acciones según tu ley.
- Ilumina mi intelecto, inflama mi voluntad, purifica mi cuerpo, santifica mi alma.
Hazme prudente en el consejo, valiente en los peligros, paciente en la adversidad, humilde en la prosperidad, asiduo en la oración, sobrio en la comida, diligente en el trabajo, constante en las resoluciones.
- Hazme entender, oh, buen Dios, qué pequeño es lo terrenal, lo grande que es lo divino; lo corto que es lo temporal, lo seguro que es lo eterno.
Oremos:
En tu Palabra, oh, Padre,
vienes a encontrarnos con amor,
superas el silencio y la distancia y te revelas
como el Dios que toma la iniciativa en el diálogo.
Perdona si no siempre sabemos alegrarnos en tu Palabra
y si en ocasiones no te hemos escuchado
guíanos para descubrir el amor
que nos revelas en las Escrituras.
Por el mismo Cristo nuestro Señor. Amén




