La empatía ha sido reconocida por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como una de las habilidades personales fundamentales para la vida (life skills); es considerada un elemento central, ya que constituye la base de muchas otras competencias indispensables para el bienestar individual y colectivo. Si quisiéramos resumir de manera sencilla las diversas definiciones, podemos decir que la empatía es la capacidad de percibir y compartir las emociones de otras personas, de entrar en relación con ellos comprendiéndolos profundamente, de participar en sus sufrimientos y en sus alegrías, de intuir sus posibles pensamientos y de responder de forma oportuna y apropiada.
Si observamos la cuestión desde una perspectiva bíblica, emerge que el Dios revelado en las Sagradas Escrituras no es un Dios distante o indiferente a las vicisitudes del mundo. Al contrario, es un Dios empático; Él se deja involucrar en la historia humana, pues ama al hombre y a la mujer que ha creado, ama la creación y camina junto a ellos, haciéndose presente, de manera concreta, en su historia.
El modo de ser empático de Dios es una invitación para cada persona a vivir relaciones verdaderas y profundas: con Dios, con los otros y con la naturaleza. Dios nos enseña a no permanecer indiferentes, sino a participar con amor y atención en la vida que nos rodea.
Al observar el vínculo entre el fundador de las Hermanas Misioneras de la Consolata, San José Allamano, y una de sus hijas espirituales, la hermana Leonella Sgorbati, se percibe con mayor claridad esta actitud. Aunque no conoció personalmente al Fundador, la hermana Leonella asimiló profundamente el Carisma de la consolación, encarnándolo en su experiencia misionera. Así maduró una profunda empatía con él, acogiendo su herencia espiritual y traduciéndola en decisiones concretas, vividas con generosidad y total entrega, como hija auténtica y coherente.
Su vida misionera fue una ofrenda continua, vivida instante tras instante, hasta el don pleno de sí en el martirio, en fidelidad a lo que el Fundador había indicado:
«…Todas deben tener fortaleza de ánimo para soportar el martirio; pero recuerden: esta es una gracia que el Señor concede a aquellas almas generosas que realizan en el dia a dia pequeños sacrificios».
El martirio de la hermana Leonella Sgorbati fue precedido por una intensa experiencia interior con Jesús, el Dios ofrecido para la salvación de todos, y por una íntima comunión con san José Allamano. Este vínculo se hizo particularmente evidente pocos meses antes de su asesinato, cuando, permaneciendo en oración junto a su tumba y le abrió el corazón confiándole:
«Concédeme la gracia del seguimiento verdadero. Concédeme entregar mi vida a Él cada día, momento tras momento, con fidelidad, verdad, en reciprocidad, en unión total. Te pido ser verdaderamente tu hija en el seguimiento de Cristo, en la unión con Jesús-Eucaristía. Me consagro aquí, en tus manos, renovando los votos al Señor».
Solo una persona como la hermana Leonella Sgorbati, capaz de custodiar en el corazón una herencia y de entrar en profunda sintonía empática con el Fundador, sabe acoger y valorar, con coherencia, el don recibido. Se puede decir, por lo tanto, que es una mujer que no solo comparte la pasión de San José Allamano en el dar a conocer a Jesús, sino que también despierta en los demás el deseo de seguirlo y anunciarlo.
«Sueño con una comunicación que nos haga compañeros de camino de muchos de nuestros hermanos y hermanas, para reavivar en ellos la esperanza en un tiempo tan convulsionado. Una comunicación capaz de hablar al corazón, de generar compromiso, empatía e interés por los otros». (Papa Francisco)
Postulación



